La digitalización es el gran reto de la comunicación empresarial

“Si ahora parece que lo que toca es la distancia, la comunicación se antoja más cercana que nunca”, y para ello, la digitalización sigue siendo el gran reto empresarial. Nuestro CEO, Miguel Quintanilla, ofrece su perspectiva de la situación post-COVID19 en esta tribuna para el portal ‘Confinados. Los diarios del Virus’, del periodista Jorge Fauró.

EL FUTURO DE LA COMUNICACIÓN O LA COMUNICACIÓN Y EL FUTURO

“La digitalización es el gran reto de la comunicación empresarial”

Pese a que el encabezado de esta tribuna pueda parecer el resultado del momento que vivimos, es el titular de una entrevista en la que tuve el placer de participar 5 años atrás. Un titular que he querido rescatar no por desidia o querer pensar menos, sino por lo que da que pensar que -tanto tiempo después- siga tan vigente en la agenda y los objetivos de gran parte del sector empresarial.

Tiempo hace también que los modelos convencionales de comunicación y publicidad comenzaron a quedarse obsoletos. La democratización de las plataformas, la penetración de las redes sociales, los cambios en los hábitos de consumo o los nuevos modelos de experiencia cliente han cuestionado seriamente el futuro de la comunicación empresarial. Son muchas las alternativas que se han puesto encima de la mesa acerca del camino a seguir. Sin embargo, entre las muchas opciones, parece incuestionable que la digitalización de la comunicación se ha convertido en uno de los principales retos empresariales.

Si la crisis del COVID-19 ha dejado algo patente es, sin duda, la necesidad de que el tejido empresarial continúe trabajando sin descanso buscando la perfecta comunión entre las compañías y sus clientes. La flexibilidad y la capacidad de adaptación se han convertido en el principal valor de las organizaciones empresariales. Cuestionarse qué hacemos y cómo lo hacemos, así como poner en tela de juicio nuestros modelos de venta y de relación con el cliente, es la asignatura pendiente sobre la que debemos asentar nuestra estrategia de futuro.

Bajo esta reflexión, probablemente muchos empresarios hayan descubierto que la única opción de seguir vendiendo de manera sostenible sea apostar por la venta en plataformas digitales. Un modelo de venta en el que poder seguir ofreciendo productos y servicios con la garantía y seguridad que el momento requiere. Las reticencias y las barreras psicológicas que la transformación digital provocaba en el tejido empresarial se han esfumado de un plumazo ante la necesidad de seguir conectados con los mercados y con nuestros clientes.

En este mundo que hemos promovido de la globalización, acabamos de darnos cuenta que somos más pequeños que el propio virus que nos amenaza. Y también tan vulnerables y volátiles como nuestra propia comunicación. Mantenernos a flote requerirá de un esfuerzo mayor, no sólo para seguir contando más cosas que las que ya se supone que conoce nuestro mercado, sino también, requerirá hablar de compromiso, seguridad, higiene… En definitiva, nuestros valores y propósitos de relación con nuestros mercados.

Si ahora parece que lo que toca es la distancia, la comunicación se antoja más cercana que nunca. Ante esta dicotomía, la intuición y el olfato empresarial quedarán relegados a un segundo plano frente al análisis y el estudio de datos. Tanto es así, que en estos momentos, la estrategia debe de ser más consistente y ágil que nunca. Cuanto más líquida es la situación, más fuerte debe ser el camino que dibujemos para comunicarnos y ser capaces de adaptar nuestros mensajes a los canales y públicos más adecuados.

Cuando la saturación y el desorden de la información es de la magnitud que tenemos en estos instantes, las empresas y las instituciones tienen la obligación de ser claros, veraces y transparentes en las formas y en sus contenidos. Los consumidores (aunque yo prefiero llamarles por lo que son: personas) acabarán confiando en los mercados más cercanos y también en quienes les ofrezcan esa experiencia como base de la relación comercial o profesional.

A nadie se le escapa que de un día para otro el mundo al que acostumbramos se ha quedado mudo y que las redes sociales se han convertido en el motor que alimenta la agenda mediática. Desde los más pequeños hasta los más veteranos se nutren diariamente de la información que viaja por los canales sociales para estar al día de la evolución de la pandemia. En este sentido, es de vital importancia advertir del riesgo de irrumpir en este juego sin una estrategia clara y definida. Un mensaje fuera de contexto o en un canal o momento inadecuado puede hacer tambalear nuestra reputación y nuestra imagen de marca sin apenas darnos cuenta.

Espero, por el bien del sector empresarial, que las compañías se den cuenta de la relevancia de afrontar estos retos con premura y la suficiente antelación. Y espero, por el bien de todos, no volver a utilizar este titular dentro de 5 años más.

Miguel Quintanilla

CEO

GRUPOIDEX

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